Esta historia la escribí mientras Escuchaba: La camisa negra(JUANES), Sleep Now In The Fire ( R.A.T.M.) , La Cosquillita ( Juan Luis Guerra), Robarte un beso ( Carlos Vives)
Nota del Autor: En la creacion de esta historia ningun ser viviente fue maltratado ,ni aprovechado , y tampoco ningun alimento fue consumido(quede con hambre)
Hace más de
un mes me aventure en el camino de la escalada, para mi esta actividad ha sido más
que un deporte; es una forma de conexión espiritual con el presente, una danza
con las rocas que me lleva al éxtasis del "aquí y ahora".
Cuando me
enfrento al Búlder (no sabia que así se le decía a la escalada en bloque) no
solo veo obstáculos y piedras, veo desafíos y dejo atrás las preocupaciones
cotidianas y me enfoco solo en el siguiente paso, en la siguiente presa. Cuando
trepo, el tiempo se evapora y mi mente se vuelve un lienzo en blanco, dedicado
únicamente a la ruta que tengo por delante. Las pausas son sagradas, inhalo
profundamente, encuentro mi centro y continuo.
Cuando comparto esta
experiencia con otros escaladores, descubro que cada uno tenía su estilo,
preocupaciones y enfoque únicos, y por eso así sea la misma ruta no es el mismo
camino. Son como piezas de un rompecabezas, cada una encajando de manera
distinta en el gran mural de la escalada. Esto me recuerda que, a pesar de las
diferencias, todos somos seres humanos compartiendo la misma pasión y
desafiando la existencia.
En estos últimos
cuatro meses, he enfrentado pruebas en mi vida personal que, en otro momento,
podrían haberme fracturado. Una ruptura amorosa y desafíos laborales que me
llevaron al borde de la renuncia, mientras que las dificultades familiares reverberaron
en mi alma. Cada golpe de la vida se asemejaba a un resbalón en la pared de
roca, una caída inesperada. Pero he aprendido a manejarlo, a levantarme y
volver a intentarlo.
Cada obstáculo en
mi trayecto es una lección. He aprendido a tomar decisiones, a elegir cuándo rendirme
y cuándo persistir. Se que mi camino no será perfecto, pero en cada tropezón encuentro
la determinación de levantarme. Cada experiencia me fortalece, no solo físicamente,
sino mental y espiritualmente.
Ahora, con los
músculos un poco tonificados y la mente clara, comprendo que la escalada no me ha
dado esta fuerza, sino la elección de embarcarme en este viaje desafiante. Cada
muro escalado es un reflejo de mi resiliencia ante las tormentas de la vida, un
recordatorio de que, al final del día, la decisión de caer o escalar más alto
siempre estaba en mis manos.
